domingo, 31 de agosto de 2014

APUNTES DOCENTES No.4 ESCUELAS ECONÓMICAS (PARTE DOS)

El período económico en Italia: la
economía hacendal y la Escuela Patrimonialista
El Neocontismo en Estados Unidos La Escuela Económico-Deductiva
norteamericana
El período económico en Italia es tributario de los planteamientos de doctrinas anteriores en este mismo país, tales como la Escuela Personalista de Cerboni o el Controlismo
de Besta. Gino Zappa(21), discípulo de Besta, artífice de la Escuela de la Economía Hacendal, vincula la contabilidad con la economía de la empresa, sus planteamientos son los siguientes:    Considera que existe una ciencia única de la administración económica hacendal, que puede dividirse conceptualmente en disciplinas menores, tales como la doctrina administrativa, la organización científica y la revelación hacendal (contabilidad propiamente dicha).   Si bien las tres ramas presentan una unidad lógica indisoluble,
en coexistencia armónica, de modo que ninguna de ellas puede ni presentarse aisladamente, ni escindirse de las restantes.  Finalmente, el enfoque económico cobra su total dimensión en la Escuela Patrimonialista, encabezada por Vicenzo Masi(22), cuyo pensamiento puede destacarse(23) en las siguientes frases:
“... la contabilidad tiene por objeto el estudio de todos los fenómenos patrimoniales: sus manifestaciones y su comportamiento, y trata de disciplinarlos con relación a un determinado patrimonio de empresa. Se manifiestan en tres ramas: estática, dinámica y manifestación contable o escrituración”. 








































En la primera mitad del siglo XX, las manifestaciones del pensamiento contable en Estados Unidos tratan especialmente de justificar la práctica contable, más que de explicar
las razones de los movimientos de las cuentas o de construir teorías que expliquen qué es la contabilidad con base en tales razones. Existen aquí dos posibles direcciones, en torno a las que se agrupan los tratadistas norteamericanos de la primera mitad del siglo:
  La primera, de carácter eminentemente pragmático, implica explicar la contabilidad por referencia a la propia práctica de la misma: las reglas de nuestra disciplina son producto de la experiencia, más que de la lógica(25). Surgen así compilaciones de principios y reglas contables, normalmente de carácter eminentemente inductivo y basados en la observación de lo que hacen los expertos en la práctica.
  La segunda trata de establecer generalizaciones que justifiquen la práctica con mayor o menor grado de utilización de inferencias deductivas.
Un típico ejemplo de la primera de estas direcciones es la aportación de Sanders, Hatfield y More (1938), que realizan una recopilación de las prácticas de su tiempo, con el objetivo de deducir de las mismas los principios subyacentes. Su trabajo se basó especialmente en la observación y en la investigación de campo sobre el estado de la práctica en su momento, para lo que utilizaron la entrevista personal, complementada con correspondencia, revisión de la literatura contable y examen de los balances ordinarios de las empresas.
Como resultado, formulan cinco grupos de reglas —que, siguiendo la costumbre de aquella época denominan principios— relativas a cuestiones generales: cuenta de  esultados, balance, estados consolidados y comentarios y notas marginales.  En la segunda dirección, con mayor o menor grado de utilización de planteamientos deductivos, cabe mencionar a autores como Sprague (The philosophy of accounts, 1907) y, especialmente, Paton (Accounting theory, 1922), tal vez el  primero que obtiene un entramado definicional en el que un limitado número de términos primitivos se utilizan para la generación de otros términos necesarios, sugiriendo puntos de vista que han significado un importante hito de partida para otras realizaciones, y permitiendo el desarrollo de una visión eminentemente crítica de la práctica existente.
Son, así mismo, dignas de mención las aportaciones de Canning (1929) y Sweeny (1936).


















Las características de esta escuela son las siguientes:
  Se busca el sustento de la contabilidad en la teoría económica en general, y en las normas en que se basa el cálculo del beneficio en particular.
  Se intenta la elaboración de un conjunto adecuado de reglas contables, que obtengan un único beneficio, sin plantearse posibles alternativas para el mismo, en función de las diferentes necesidades de los usuarios.
  Se utilizan instrumentos lógicos, especialmente la deducción, para la generalización de los conceptos contables básicos, en un intento de aplicar la lógica postulacional a nuestra disciplina.
  Estas construcciones no abordan una generalización completa de la totalidad de los conocimientos contables sino, tan solo, de los relativos a la contabilidad de la empresa, y más concretamente, a la contabilidad financiera.
Las dos primeras de estas características son la causa de que, en ocasiones, estas construcciones se engloben bajo la denominación de “paradigma del beneficio verdadero”, por apoyarse en cuestiones tales como las condiciones de eficiencia de Hicks (1967), sin plantear en ningún momento la posible existencia de distintos criterios de medida y, especialmente, de valoración, en relación con los diferentes objetivos de la información financiera.  Los trabajos más representativos de este enfoque son los de Moonitz (1961) y Sprouse y Moonitz (1963).
En el primero de ellos, “The basic postulates of accounting” Moonitz establece un conjunto de catorce postulados, agrupados en tres categorías,
La primera hace referencia al entorno socioeconómico de la contabilidad empresarial, de cuyo postulado se deduce un conjunto de funciones para la misma(26).
La segunda categoría de postulados se refiere al propio ámbito de la contabilidad, de modo que cada uno de ellos se relaciona con su correspondiente postulado de los del  rimer grupo, relativo al entorno socioeconómico de la contabilidad.
La tercera categoría está constituida por postulados que este  autor denomina imperativos, que actuarían a modo de constreñimientos para la consecución de los objetivos y fines de la información contable. Por su parte, el trabajo de Sprouse y Moonitz (1963) trata de desarrollar un conjunto de definiciones, reflexiones y principios contables, siguiendo el itinerario lógico iniciado en la aportación de Moonitz(27). Tras el enunciado de unas reglas básicas de valoración y reconocimiento del beneficio, que Sprouse y Moonitz denominan principios fundamentales, se abordan cuestiones tales como la atribución del beneficio y el principio de realización, así como el concepto y valoración
de los activos.
Además, esta “edad de oro de la investigación a priori” dio lugar a una importante generación de propuestas sobre la valoración contable, entre otras las de Edwards y Bell  1961), basada en valores de entrada o costes de reposición, y Chambers (1966) y Sterling (1970), apoyadas en valores de salida o valores netos de realización. Todas ellas pueden integrarse en esta escuela económico-deductiva, aunque no intentan generalizaciones de la contabilidad empresarial, sino de uno de sus aspectos más importantes, la valoración.



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